jueves, 25 de septiembre de 2008

El que busca encuentra...


El jugar al amor duele... 
El verdadero amor solo trae felicidad... 


               

lunes, 22 de septiembre de 2008

Silencio...


Trataba de escuchar los sonidos del silencio. La noche era tan oscura y penetrante que no dejaba que ni una estrella se colara por la rendija de la habitación.

Sólo lograba captar los diminutos suspiros del viento, el monótono tic-tac del reloj, el vaivén de su respiración, el rasgar del papel con su bolígrafo.

Se recargó en la silla seminueva que tenía para sujetar un cuerpo cansado de una vida. Vestía normal, casual y de negro. Su cabello estaba recogido en una cola alta y sus ojos estaban cerrados tratando de pensar qué es lo que necesitaba hacer en ese momento.

Eran casi la 1 de la madrugada. El cuarto estaba a oscuras y sólo una tenue lámpara alumbraba su objetivo. Un taza de café bastaba para mantenerla despierta hasta muy tarde -o muy temprano-, pero tenía ganas de algo más. Encendió un cigarro.

Saboreó lo que le daban. Subió los pies encima del escritorio y se reclinó aún más en la silla seminueva, miraba a su alrededor y todo estaba vacío, como siempre lo estaba para aquella hora de la noche. No había televisión -la distraía-, no había teléfono -lo odiaba-, no había gente -no la necesitaba-.

Se quedó observando la luz que emanaba del aparato. Se quedó ensimismada. Siempre había amado las luces tenues, sutiles, bajas; como esas que se divisan desde una cima al contemplar una ciudad en la noche.

Se sentía tranquila, ecuánime, neutral. No estaba triste, alegre o enfadada. Ya había hecho todo lo que tenía qué hacer y sólo le quedaba disfrutar. No quería dormir, pues la cafeína había hecho bien su trabajo. No quería hacer nada, simplemente estar allí, fumando, sentada, oliendo el café y observando el papel en blanco.

No quiso pensar en nada, se olvidó de sus placeres, de sus dolencias, de sus anhelos y de sus carencias. Quiso estar sola esa madrugada, estar sin la compañía de nadie, esperar a que se haga el mañana para ahora sí, tener que levantarse; esperar a que todo transcurra, a que todo pase. Vivir como siempre había querido, pero sin tener que lamentarse. Errar, pero aprender de los errores. Sufrir, pero olvidarlo después en un bar bebiendo alguna copa en soledad, o acompañada. Se dijo que tal vez mañana esté muy lejos de esa habitación, lejos del aroma de ese café, de ese cigarro que estaba apunto de ser apagado, de esa silla seminueva reclinable y de ese sentir tan pacífico que experimentaba.

No llevaba prisa, no necesitaba nada. Estaba agusto, estaba bien. No pensó en nada más, porque no había nada en qué pensar.


Se levantó, apagó la tenue luz de la lámpara que alumbraba su escritorio, cerró la puerta de la habitación y volvió al mundo real, al exterior...

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Lo soñé?


Era una noche tranquila de verano, de esas donde la luna ilumina todo. Estaban las luces de la casa apagadas, sólo había un poco de luz lunar acompañando a la noche .

Ella se encontraba sola... pero a la espera de alguien. No sabía que esperar de su visita, mas ella comenzaba a sentirse nerviosa pero emocionada a la vez.

Preparó la tina para tomar una larga ducha, que le relajara y a la vez le obsequiara de aromas que podría ofrecerle a su invitado. Las luces continuaban apagadas, pero los reflejos del cristal de su espejo y el ondear de la bata que le cubría el cuerpo, provocaban destellos en medio de la penetrante oscuridad.

En esos momentos, se sentía mujer. La soledad de su casa, la espera que había en ella, la ligereza de su cuerpo recorrer los cuartos vacíos, le provocaban demasiadas cosas internas. Olvidó todos sus pendientes, dejó a un lado su copa de vino,  se deshizo  de la única prenda que la cubría...

Estaba ahí, parada frente a la tina... el agua le invitaba a acercarse, pero ella se invitaba a sí misma a explorarse. Volteó al flamante espejo que tenía en el baño y se miró, descubrió cada lunar de su cuerpo en medio de la blanca piel, sus cuervas eran perfectas, su cabello moreno y largo. Tomó sus propias manos y se sintió como una pequeña niña con un juguete nuevo, recorría con las yemas de sus dedos cada perfil de su cuerpo. Sintió sus pechos sobre sus manos, eran pequeños, suaves y tersos al contacto. Sus labios delicados, ansiaban probar un aliento esa noche...

Caminó poco a poco por el húmedo baño, se hundió bajo el agua y cerró los ojos. Lo estaba sintiendo, los estaba deseando, lo estaba queriendo. Volvía a imaginarse a sí misma, siendo amada por alguien más, pero se controlaba. Sonreía para sí, esta noche es mía -se dijo-, tomaba el jabón y lo pasaba por encima de su cuerpo, de su presencia, de su deseo. Se empapaba de un aroma, de su perfume. Sus cabellos se erizaban, su sensación brotaba, sus ganas aumentaban...

Al terminar la ducha se dirigió a su cuarto, así, completamente desnuda. Se recostó sobre su cama y dejo que ésta también se cubriera del perfume natural que emanaba de ella. Se sentía libre de hacer lo que quisiera. Al levantarse, se dispuso a escoger un atuendo que encajara con sus deseos, esa noche. Un vestido, corto, con escote pero suave, sus tacones y su propia piel la vestían.

Sin encender las luces, amenizaba el ambiente, mientras las luces lunares continuaban escabulliéndose por las rendijas de su prisión.

Entonces tocaron a la puerta, ella estaba sentada con una copa de whisky en una mano, sonriendo y esperando. Él no necesitaba que fuese invitado a pasar, ni que le abrieran la puerta. Poco tiempo después, él estaba parado frente a ella, con un aroma muy diferente al que de ella emanaba, pero ambos perfumes poseían la misma intención.

Ella le dio su propia copa de vino y fue a servirse otra para sí. Mas él no quería esperar. Ambos derramaban su ansía, su deseo. Él se dirigió hacie ella, la giró para su ser y la tomó por la cintura. El vestido que ella portaba se ceñía a la perfección a su cuerpo; al tomarla por la cintura, el vestido se subía sin querer y dejaba entrever unas hermosas piernas blancas y tersas; sus hombros se desnudaban porque caían los tirantes de la prenda. Ellos sólo se miraban.

Ninguno lo dudaba, esa noche pasaría algo... Mas no sabían cuán lejos llegarían. Los labios de ella se mojaban con el ansía de vivir cuanto antes lo que estaba por pasar. Los dedos de él se perdían indiscretamente por la espalda que ese cuerpo poseía. Él quería avanzar, ella quería dejarlo avanzar...

Ella se limitó a sonreir, a separarse y a dirigirse a alguna oscura habitación de esa oscura casa llena de luces lunares que espiaban acompañadas de la noche, invitándolo a seguirla...


Él no dudó, la desnudó con la mirada y acompañado del ansia, se dispuso a dejarse llevar...


jueves, 11 de septiembre de 2008

Pasado, Futuro...


Y mientras el mundo da otra vuelta... 

mi pasado se mezcla con el presente,  

mi corazón conspira con mi conciencia, 

mis deseos mundanos dan cabida a la maravilla de soñar. 

Y mientras juntos intentamos construir un futuro

con  trozos del pasado y la amalgama del presente, 

entre miradas y sonrisas buscamos resanar una pérfida agonía...




Ahhh (léase suspiro) no sé que pasa conmigo, desde que regresé a California no encuentro mi lugar, me siento entre desesperada, un tanto perdida, no consigo siquiera escribir como antes lo hacia. Todo es tan confuso, tan extraño, tan no sé como explicarlo, Todo es lo mismo, todo esta tal cual lo dejé hace un par de años, quizá ese es el problema, yo no soy la misma de hace unos años.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Mas allá de las miradas


El corazón me daba saltos, casi podía imaginar que todos a mi alrededor observaban su precipitado latir, o quizá podían escucharlo. Lo que nunca imaginé, fue que no era precisamente mi corazón lo que escuchaban, sino el ver a una niña en la estación de tren, completamente sola, y con la mirada perdida frente a un teléfono publico.

Quizá mas de uno me quiso brindar de su cordial ayuda, pero nunca respondí, yo solo esperaba ansiosa la llegada de mi papá que estaba segura llegaría a recogerme.

Pasaron algunas horas, llevaba algunas monedas en mi pequeño bolsillo, logre llamar a mi padre, pero solo lograba el tono del contestador. ¿Que podía yo hacer a esas altas horas de la noche? Con el estomago Haciendo ruidos extraños, el bolsillo vacío, y el corazón lleno de ilusiones.

Horas atrás había decidido huir de mi casa, a consecuencia de las miradas extrañas de mi padrastro, que me miraba con esos ojos amenazantes, llenos de lujuria y de cierto misterio que no sabría como explicar por mi tierna edad. Esa mañana de sábado cuando aún estaba dormida, y mi madre ya había partido al trabajo, mi padrastro había entrado en mi cuarto y me miraba con esa mirada que desnuda, fue entonces que desperté, y asediada por una sensación de querer huir, pues sabia que si pasaba una noche mas en mi casa, algo sucedería. Fue entonces cuando decidí hacer mi pequeña maleta, y huir a casa de mi padre.

El plan estaba ya hecho, dejaría una nota bajo la almohada de mi madre, para que no se preocupara y huiría de mi casa tan pronto como estuviera yo sola, Tomar el camión directo a la central de tren, estando ahí llamaría a mi padre, el cual estaba segura que no dudaría en ir por mi, dado a que mi padrastro siempre le prohibió el verme o siquiera llamarme, por lo tanto yo no tenia ni idea de donde el vivía, de lo contrario, Yo misma hubiera llegado hasta la casa de mi padre.

Y fue así como en esa pequeña maleta, guarde mis ilusiones, mis miedos, rencores, alegrías, tristezas, aunados a mis tiernos 13 años, y decidí partir en busca de la felicidad que no tenia en casa...





Continuara...