
Era un pequeño pueblo, sus calles curiosamente empedradas, solo la calle principal contaba con pavimento y buen alumbrado publico, las demás calles eran angostas, apenas lograbas ver de noche, algunos señores borrachos sentados en las estrechas banquetas, en lo que parecía una “tiendita”.
Había gente a pesar de la hora de la madrugada, decidí caminar hacia mi hotel, el único en aquel pequeño pueblo.
La noche no era fría, mas bien cálida, el cielo se reflejaba limpio y dejaba ver cientos de estrellas y una luna hermosa, en ese pueblo se respiraba tranquilidad, tenia tantos años de no caminar con tal serenidad, sintiendo el viento en mi rostro, el olor de algunos arboles, las flores de algunas de las señoras que ponían sus macetas al pie de sus puertas, observaba algunas casas se aspecto colonial, que eran aquellas que reflejaban tener un poco mas de status social, de pronto me encontré en una calle bastante tranquila, ya no había gente, podía escuchar mis propios pasos, y mi respiración tranquila y relajada, en esta zona se observaban algunas casas construidas de adobe, carcomidas por el tiempo, algunas conservaban aun sus techos de carrizo, todo parecía tan extraño, pero a la vez tan acogedor, de pronto me encontré parada ante la puerta de un pequeño bar, las luces tenues, y decidí entrar, no había mucho movimiento, este lugar se veía un poco diferente por dentro, un poco moderno, no muy diferente a los bares que anteriormente había visitado, estúpidamente pedí lo que siempre acostumbro tomar, “cosmopolitan” obviamente no tenían... y me conforme con una cerveza. el lugar era bastante tranquilo, y de pronto me llego la inspiración y comencé a escribir en un trozo de servilleta, después de un par de cervezas, servilletas y uno que otro buen escrito, me interrumpió una chica, la cual amablemente me pregunto mi nombre, respondí con una sonrisa, y ella se sentó a mi lado, pregunto lo que siempre se pregunta a una persona que se nota no es de “ahí”. Era agradable la platica, o quizá la cerveza me ayudaba un poco. De pronto el silencio se hizo presente, solo nos miramos, nos sonreímos y se despidió por que según esto era un poco tarde. le devolví el gesto y agradecí la compañía.
Pague mi cuenta y al salir de aquel lugar me sentí feliz, y hasta una sonrisa se dibujo en mi rostro. Escuchando el sonido de mis zapatillas al caminar, mi mente comenzó a volar. minutos después me descubrí en un callejón, un escalofrío recorrió mi cuerpo, en ese momento maldije al haberme decidido por aquella diminuta falda, que dejaba al descubierto mis piernas.
Cuando me di la media vuelta a lo lejos, vi la silueta de lo que parecía ser un hombre, me acerque a el con la intención de preguntar donde estaba, al acercarme percibí un perfume que por un momento me transporto a otro lugar, y de pronto no supe de mi...
Cuando desperté no reconocí el lugar donde estaba, solo atinaba a reconocer ese perfume, mire a mi alrededor y no había nada, solo un cuarto obscuro, en cual solo había la cama en la que yo estaba recostada, no supe que hacer, quise gritar, correr,intentar escapar, pero solo escuche una voz decir: “ no podrás escapar, por que todo esto, eres tu misma”
De pronto al fondo de la habitación note un enorme espejo, en el que alcanzaba a verme claramente, pude ver mi rostro, mis ojos cansados, con unas muy marcadas lineas negras debajo de ellos, me notaba exhausta , al observar mi pecho, solo pude notar un enorme vació... me solté en llanto, sin hacer pregunta alguna. y ahí sentada en medio de aquella habitación oscura y vacía, mi mente comenzó a recordar...
Después de que el frío recorriera mi cuerpo e hiciera erizar mi piel, me acerque y le pregunte a aquel hombre en donde me encontraba, su perfume me hipnotizo, a lo lejos pude ver a la chica del bar, que sin notarlo, era idéntica a mi, me sonreía justo en ese momento perdí la razón, y de pronto mil cuervos comenzaron a volar sobre mi, picoteándome el pecho, hasta lograr arrancarme el corazón.